Dejamos de esperar lo inesperable,
dejamos de creer en nuestra amistad
y nos alejamos.
Te observé en lo alto
e intenté alcanzarte,
pero mis piernas doloridas
no podían avanzar.
Me viste y me ayudaste a subir,
pero a mitad del camino me abandonaste,
como si no conocieras
lo frágil que soy cuando
me dan la espalda.
Pero era real,
real mi dolor
y real tu dolor.
Era una cruel realidad hasta ese entonces,
hoy es pasado y siempre supimos
que fue de tontos pensar y creer
que talvez podría durar algo que se atascó
y enredó en sentimientos que ni vos,
ni yo podíamos aceptar.
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