sábado, 23 de julio de 2016

Un teléfono sonó:

Miraba la habitación, buscaba con la mente desordenando cada rincón. El teléfono sonando lo perturbó, temía no llegar, temía perder la llamada —12 horas esperando, maldita sea!— exclamó. Con miedo, rabia y tristeza se rindió, el teléfono aún sonaba, sonaba cada vez más fuerte e insistente. —Disculpa! Discúlpame, no podré responder!— mirando perplejo a la nada gritó y el teléfono paró.

No hay comentarios:

Publicar un comentario