Te quería comprar algo, pero no tenía dinero. Entonces me corrió un escalofrío por toda la espalda y algo me incitó a buscar de todas formas algo que darte. Iba caminando por la feria, mirando todo y buscando algo que te gustara. Entonces la vi, vi esa chaqueta y supe que era para ti, que se había hecho especialmente para cubrir tu cuerpo, que solo a ti te quedaría bien. Fue aquel momento, que bien recuerdo, me acercaba lentamente como si no hubiera nadie, me tiritaban las manos, pero ese impulso no paraba, quería obsequiarte algo, merecías un regalo decente (que decente no, no lo era). Tomé la chaqueta y me la probé, me quedaba mal, hice una mueca simulando no estar interesado en ella. Te imaginé usandola, toda feliz, segura y evitando la mirada del dueño la guardé en mi bolso. Agarré una campera que ni si quiera era parecida, era marrón si mal no recuerdo, la coloqué donde tu chaqueta debía ir. Observé a mi al rededor, todos estaban en lo suyo. Estaba transpirando, hacía calor pero tenía frío. Me miré a mi mismo saliendo del puesto, alejandome como otro más de las cuantas personas que miraban y caminaban intrigados. El dueño no se enteró que había tomado tu chaqueta, que dentro de mi mochila iba el regalo, el regalo que no me alcanzaba porque plata yo no tenía.
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