No importa la hora del exilio,
ni tampoco el lugar destinado.
No importa la estación, el clima,
la posición del sol o el tamaño de la luna.
Importa la futura soledad del exilio,
el miedo de abandonar el hogar,
las huellas, las tardes rutinarias.
Importa la injusticia del arrebato,
la mirada del despojado,
la mirada de un hombre al que
le han quitado todo.
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